Todos estos megas de información que generamos al conducir interesan a muchos. En primer lugar, a las empresas automovilísticas, pero también a los servicios postventa, compañías de seguros, operadoras de infraestructuras, financieras o proveedoras de servicios a flotas.

Los coches , incluso los más sencillos, están repleto de electrónica. Y a mayor categoría, más aumenta la complejidad técnica. Los sistemas de un vehículo de gama alta pueden tener más líneas de código que un Boeing 787. Pero no hay que volar tan alto. Un vehículo de gama media, como el nuevo Seat León, lleva entre 35 y 40 miniordenadores o, como explica Josep Bons, responsable de desarrollo eléctrico y electrónico de Seat, “unidades electrónicas inteligentes con microprocesadores y microcontroladores”. Además, hay que añadir “entre 40 y 50 unidades de sensores que proporcionan datos (presión, temperatura, imagen, etc.) y actuadores que ejecutan comandos: motores, calefactores, ventiladores, bocinas, luces por LED, etc” cita el técnico. Estos sensores tienen circuitos integrados que transforman la información analógica en digital y la envían a las unidades máster para que hagan las acciones necesarias. Los actuadores, como son los limpiaparabrisas, elevalunas, asientos eléctricos, calefacción… transforman en una acción la información digital que les llega. Y de casi todo eso queda registro. Y se comparte…

La mayoría de los turismos hoy a la venta montan de serie dispositivos de captación y transmisión de datos. Saber qué cosas puede chivar nuestro coche y cuánto ocupan esos datos no es tarea fácil, ya que depende de la marca del coche de que se trate, e incluso dentro de esta, hay modelos preparados para registrar todo lo que hacemos y otros que no lo están.

Como norma general, los coches desvelan a las marcas sólo datos básicos de carácter técnico: velocidad máxima y media alcanzada por el vehículo, longitud del trayecto, régimen de giro del motor, kilometraje cubierto y total acumulado por el vehículo, consumo de combustible, nivel del lubricante y otros líquidos o cantidad de carga de la batería (si es un eléctrico). También la temperatura exterior, presión de los neumáticos, si las puertas están abiertas o cerradas, freno de estacionamiento conectado y, siempre, la localización del vehículo. Pero dependiendo del modelo y nivel de acabado, como explica Josep Bons, responsable de desarrollo eléctrico y electrónico de Seat, también se puede entrar más en detalle y registrar incluso “la posición de los asientos o de los espejos retrovisores”.

Estos datos generan una cantidad de información notable. Bons asegura que, cada vez que circula, un coche de tamaño medio envía al backend de la marca (donde se almacena y procesa la información) un “paquete de datos de entre 3 y 4 megas”. Si el cliente desea mantener un alto nivel de privacidad, “los datos compartidos serían mucho menores” explica el técnico. Lo que sucede es que la mayoría de conductores (como la mayoría de consumidores) aceptan sin más las condiciones de los productos y no se detienen a analizar las diversas posibilidades que se les ofrecen.

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