La crisis del coronavirus, capaz de desafiar todas nuestras nociones de normalidad, ha hecho que el autor de El caballero oscuro (con Tenet pendiente de estreno) y el de Baby Driver (que tiene su Last Night in Soho en el banquillo) actúen a la vez en pos de un mismo objetivo: la defensa de las salas de cine frente a las pérdidas que les ocasiona la pandemia.

En un artículo para el Washington Post, Nolan pide al congreso de EE UU que lance un plan de ayudas para los cines de la superpotencia. El director comienza narrando el caso de B&B Theaters, una compañía exhibidora del sur de Estados Unidos fundada en 1924 que se enfrenta a un tétrico panorama de cierres y despidos. Un ejemplo a partir del cual recuerda que la industria del cine no es solo “estrellas, estudios, glamour”, sino también la fuente de ingresos de 150.000 obreros en el país.

“La gente que trabaja en el puesto de las palomitas, poniendo en marcha el proyector, cobrando las entradas, programando calendarios, vendiendo publicidad y limpiando los lavabos en cines de pueblo”, señala Nolan, depende de esta industria. Se trata, insiste, de “gente normal, que en muchos casos cobra por horas en lugar de un salario” y cuyos esfuerzos mantienen lo que el cineasta define como “el más económico y democrático de nuestros lugares de encuentro”.

Así pues, Christopher Nolan esgrime esto para alegar que los cines son “una parte vital de la vida social, ofreciendo trabajos para muchos y entretenimiento para todos”. “Como director, mi trabajo nunca estará completo sin esos trabajadores y el público al que acogen”, prosigue.

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