Fue fichado a precio de estrella y poco ha tardado en demostrar Philippe Coutinho que tiene capacidad para serlo. En su quinto partido con la camiseta del Barça, cuando su nuevo equipo se jugaba el pase a la primera final de la temporada, el brasileño apareció para lograr el gol que dejó la eliminatoria sentenciada ante el Valencia. Y de la mano de la ilusión del brasileño y de la ambición de un bloque insaciable, el Barça logró una clasificación histórica, por tratarse de la quinta final de Copa consecutiva.

Lo hizo además con una sencillez pasmosa. Economizando esfuerzo y brillantez y sin embargo transmitiendo una sensación de control casi insultante. En ningún momento estuvo cerca de la eliminatoria un Valencia excesivamente respetuoso con el Rey de Copas. Le faltaron fervor y fe al equipo de Marcelino, todo lo que sí puso la grada de Mestalla desde el inicio de forma incondicional.

El equilibrio que ha alcanzado el equipo de Valverde le permite librar cualquier batalla con gran sobriedad

El Barça volvió a demostrar que en partidos decisivos es capaz de hacer brillar las virtudes que realmente necesita. En Mestalla exhibió solidez y paciencia a raudales, ante un rival que despreció el balón para jugárselo todo a la carta del contragolpe. Pero el equilibrio que ha alcanzado el equipo de Valverde le permite librar cualquier batalla con una enorme sobriedad.

Nunca se descompuso el Barça ante un Valencia mentiroso en lo futbolístico. Y eso que el primer tiempo fue un ejercicio de prudencia de ambos equipos, que prefirieron administrar sus recursos antes que provocar una tempranera guerra de consecuencias impredecibles. Marcelino parecía apostar claramente por la prórroga, un riesgo excesivo ante el potencial ofensivo del Barça, que sin embargo pareció acertado en el primer acto.

Philippe Coutinho celebra su gol con Messi
Philippe Coutinho celebra su gol con Messi (Jose Jordan / AFP)

Rehuyó el Valencia la pelea. Hizo caso omiso a la posesión del Barça y le concedió el balón sin prejuicios. Como el Mohamed Alí más en forma, se expuso a pecho descubierto ante el púgil más temible. Ni siquiera presionó el conjunto de Marcelino en campo propio, concentrado en mantener la posición y en salir a la cobertura en alguna ruptura azulgrana.

 

 

Y en este escenario que el Barça domina con suficiencia, surgió en los azulgranas un conservadurismo peligroso. Sintió el Barça que quien debía pelear por el triunfo era su rival, y su dominio fue excesivamente contemplativo. Solo dos disparos de Messi, uno de falta que desvió Jaume Doménech, fue capaz de producir el equipo de Valverde en el primer tiempo. La imagen de Messi caminando con el balón en los pies sin proponer y sin ser presionado fue la perfecta descripción de lo que sucedía sobre el césped.

Toda la planificación de Marcelino se vino abajo nada más comenzar el segundo tiempo

El Valencia prefería concentrarse en controlar las áreas. Proteger la propia por acumulación y atacar la contraria a la carrera. Despreció el equipo ché el balón y solo lo utilizó cuando realmente mereció la pena. Y pese a esa displicencia, las mejores ocasiones en el inicio fueron locales. Antes del cuarto de hora, Rodrigo rozó el gol con un cabezazo al larguero. El hispanobrasileño fue el mayor dolor de cabeza para el Barça, pero sería un bagaje escaso para el Valencia.

Toda la planificación de Marcelino se vino abajo nada más comenzar el segundo tiempo. Tanto habían esperado para ser valientes, que se perdieron por el camino. Valverde había dado entrada a Coutinho al comienzo del segundo tiempo y el brasileño demostró por qué el Barça confía en que será una de sus grandes estrellas. Solo tres minutos llevaba en el campo cuando sentenció la eliminatoria con un gol de dificilísima ejecución.

 

 

Rakitic celebra con sus compañeros su gol al Valencia
Rakitic celebra con sus compañeros su gol al Valencia (Manuel Queimadelos Alonso / Getty)

Luis Suárez, quien mejor conoce al brasileño en el vestuario azulgrana, fue el artífice de una cabalgada por la izquierda que acompañó con un centro al segundo palo. Por allí apareció Coutinho para retamar en un escorzo al palo contrario de Doménech. Primer gol del carioca en el Barça y qué mejor augurio que para clasificarlo para su quinta final de Copa consecutiva.

Tres goles necesitaba el Valencia para remontar la eliminatoria. Una empresa que todo Mestalla sabía imposible. Marcelino reaccionó dando nervio a su equipo. Entraron Guedes y Soler y los locales aumentaron su agresividad y su intención ofensiva, pero las ocasiones fueron escasas. Tras un breve arreón, volvería el Barça a hacerse con el control del partido para ir cercenando del todo la fe valencianista. Gayá tuvo el gol en un remate dentro del área que Cillesen sacó con una parada de balonmano.

Y ahí se acabó el Valencia, porque solo unos minutos después Rakitic certificó con el segundo gol lo que ya era una realidad: el Barça se metía en su quinta final consecutiva de la Copa del Rey. Con una autoridad inimaginable, los de Valverde dan otro mordisco a la historia de esta competición y dan otro paso hacia para reforzar el sueño de un doblete o un triplete cada día más cercano.

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