Nunca se podrá determinar si es la desgracia la que persigue a los Kennedy o si han sido sus circunstancias de vida las que les han hecho más proclives a las tragedias, pero la realidad es que los asesinatos, accidentes, enfermedades e incluso las adicciones les persiguen y van sumando fallecimientos a un historial que parecía tener suficiente con los dos atentados que acabaron con la vida de dos hermanos: John F. Kennedy, mientras aún era presidente de Estados Unidos en 1963, y Robert F. Kennedy, en 1968, durante la campaña a las primarias de California en las que intentaba conseguir la nominación demócrata para la presidencia del país.

Estos dos asesinatos marcaron a una familia poderosa y ambiciosa para siempre, pero en los más de cuatro decenios que han pasado desde entonces los Kennedy han seguido sumando fallecimientos inesperados que les han convertido en una familia perseguida por una maldición a ojos de muchos. Aunque en la mayoría de los casos se trata más bien de las consecuencias dramáticas de la manera de vivir de un grupo que se ha caracterizado por estar muy expuesto a la admiración y la crítica pública, practicantes habituales de deportes y aficiones que conllevan cierto riesgo y, algunos, con estilos de vida proclives a ponerles en situación de riesgo. Sean cuales sean los motivos, estos son algunos de los sucesos que han convertido a los Kennedy en una familia marcada.

La última tragedia ha ocurrido este fin de semana, cuando la familia dio por muertos a Maeve Kennedy Townsend, de 40 años, y a su hijo Gideon, de ocho, nieta y bisnieto respectivamente del exsenador Robert F. Kennedy. Madre e hijo desaparecieron el pasado jueves mientras navegaban a bordo de una canoa en la bahía de Chesapeake, cerca de Washington. El cuerpo de Maeve se recuperó durante la tarde de este lunes y continúan las labores de búsqueda del de su hijo Gideon. Kathleen Kennedy Townsend, hija de Robert F. Kennedy, ha emitido un comunicado en el que lamenta la pérdida y habla de su hija y nieto: “Maeve era vida. Siempre sabías cuando estaba a tu lado. Su sonrisa era fuerte, descarada y contagiosa. Hacía todo con plenitud y con todo su corazón. Gideon, como su madre, era un deportista que amaba el fútbol, el golf y correr. Cuidaba de sus padres de las maneras más extraordinarias. Le gustaban los acertijos, las matemáticas, el ajedrez y las aventuras”, ha dicho Townsend.

 

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