Intoxicación por plomo

La intoxicación por plomo en la infancia continúa siendo uno de los problemas de salud pública más graves y menos visibles en México. De acuerdo con datos recientes de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) Continua 2022–2024, al menos 1.2 millones de niñas y niños de entre uno y cuatro años presentan niveles de plomo en sangre que superan los parámetros considerados seguros por la normativa sanitaria vigente.

Especialistas advierten que la exposición al plomo durante la primera infancia afecta directamente el desarrollo neurológico. Este metal pesado puede provocar alteraciones cognitivas, dificultades de aprendizaje y daños permanentes en el sistema nervioso, incluso cuando los síntomas no son evidentes en etapas tempranas.

El problema se distribuye de forma desigual en el territorio nacional. Estados del centro y sur del país concentran las mayores prevalencias, particularmente Puebla, donde cerca de la mitad de los menores evaluados presentan plomo en la sangre. En entidades como San Luis Potosí y Tlaxcala, la proporción alcanza a cuatro de cada diez niños. Aunque en el norte las cifras son menores, los especialistas subrayan que siguen siendo alarmantes en comparación con estándares internacionales.

Las fuentes de exposición varían según la región. En gran parte del país, el uso cotidiano de utensilios de barro vidriado con plomo sigue siendo un factor determinante. En zonas industriales del norte, en cambio, influyen actividades como el reciclaje de baterías y procesos productivos sin controles adecuados.

A pesar de que el problema ha sido documentado durante décadas, expertos coinciden en que la falta de una estrategia nacional efectiva ha permitido que la intoxicación por plomo persista. Visibilizar esta realidad es clave para impulsar acciones de prevención que protejan el desarrollo y el futuro de millones de niñas y niños en México.