El Instituto Nacional Electoral (INE) ha decidido cambiar su paleta de colores, reemplazando los tonos lilas que había adoptado recientemente por un nuevo esquema en gris. Esta decisión se produce tras las críticas que el organismo recibió por su elección de color, considerado por algunos como un alineamiento con el Gobierno de la Ciudad de México.
La transición del INE hacia el color gris es significativa en el contexto político actual, donde las percepciones sobre la independencia y la neutralidad de las instituciones electorales son un tema recurrente. Este cambio busca mitigar las preocupaciones sobre la imagen que proyecta el INE en un entorno electoral cada vez más polarizado.
La decisión fue anunciada el 24 de septiembre de 2026, en respuesta a la creciente presión pública y las opiniones adversas sobre el uso del color lila, que se asocia con el partido gobernante en la capital. Esta acción refleja una intención del INE de reafirmar su autonomía y credibilidad ante la ciudadanía.
El uso del color gris, en este contexto, se plantea como un intento de neutralidad que podría favorecer la percepción del instituto. Al cambiar su imagen, el INE busca restaurar la confianza en su papel como árbitro electoral, en un momento en que la vigilancia pública sobre sus decisiones es más crítica que nunca.
Este movimiento se enmarca en una serie de ajustes que el INE ha realizado a lo largo de los años en su estrategia de comunicación visual, buscando siempre adaptarse a las inquietudes sociales y políticas de la nación.

